lunes, 9 de abril de 2007

CINCO GRITOS EN EL VIENTO

El Bordo reventó El Teatro de Flores con cinco shows, entre el 23 de marzo y el 7 de abril. En la anteúltima noche volvieron a recrear el espíritu de "Un grito en el viento" y ya anticipan un potencial cuarto disco para fin de año.
Una panorámica desde atrás del escenario. Mil personas corean los temas de la banda.



El tercer posteo de Negocios del Corazón no va a hablar del último show de Skay en el Teatro Flores, como se había dicho, ya que la última presentación del Flaco en Capital quedó un poco vieja -fue el sábado 17 de marzo-. Ese lugar hoy lo va a ocupar El Bordo, que hizo cinco shows en el boliche de Rivadavia al 7800 en las últimas dos semanas.

La banda de los hermanos Kurz fue una de las que más creció en los últimos dos años y llegó a Obras en octubre de 2006. Su desembarco en el Templo del Rock fue de boca en boca, aunque con la ayuda de un par de temas en la radio y un video en la tele: "Silbando una ilusión". Enarbolados como bandera de la juventud rockera argentina y con letras que siguen la línea conceptual de Los Redondos y La Renga, el grupo fue dando pruebas de su progreso disco tras disco. Ya se cumplió un año de la salida de su tercer placa, “En la vereda de enfrente”, y ya se habla de un cuarto álbum para el segundo semestre de 2007. Se ve que las ideas no dejan de fluir en las mentes de estos egresados del Carlos Pellegrini.

Después de meter 4500 personas en Obras y superar ampliamente las expectativas con un show impecable en la producción, la tribu de seguidores adolescentes se preguntaba cuál sería el escenario elegido por los muchachos de Palermo para mostrarse en vivo. Y la respuesta fue nada menos que cinco Teatros de Flores.

En un principio, iban a ser tres recitales, uno dedicado a cada disco, pero ante la gran demanda del público agregaron dos fechas más. Negocios... estuvo en el anteúltimo, el viernes 6 de abril, y acá te cuenta todo lo que pasó.

La esquina de la Avenida Rivadavia y Pergamino lucía mucho menos poblada de lo normal, cerca de las 20.30. El grueso del público ya había visto a la banda en sus tres presentaciones previas y El Teatro se iba llenando lentamente a fuerza de invitados.

Los muchachos de El Bordo, ya sin el saxofonista Sebastián Notte -se alejó del grupo antes de Obras- ni el percucionista Exequiel "el negro" Puga, que dio un paso al costado hace unas semanas, salieron a escena pasadas las 21.30, con el tema "Arriba con mi corazón", del albúm debut "Carnaval de las Heridas".




Ale Kurz, guitarrita y voz, y Pablo "el gordo" Spivak, bajista.


Más tarde se fueron sucediendo temas como "El insatisfecho", "Mal trago", "En la vereda", "Los Perdidos" -inusual al no estar en los bises- y la mayoría de los del segundo disco: "Un grito en el viento". La escenografía con el diseño de "Un grito..." y una púa con el pedido de "NUNCA MÁS", en referencia a los 31 años del último golpe militar, completaban la estética de la noche.

En el segundo bloque, "Donde voy", "Te devoran", "Chapita", "Con el cuerpo a la mitad" y "Volviendo al sol" se llevaron todos los aplausos. El cierre fue a todo trapo con clásicos como "Quiero ver" y "A mi favor".

Sin embargo, cuando amagaban con saludar e irse, arrancaron con un temazo arrasador del último CD, "Jazz barrial", que con su línea de bajo inconfundible y la bata cabalgando sin descanso, desataron el extásis en las 800 personas que estaban presentes.

Con el recital del día siguiente, El Bordo completó los cinco Teatros e instaló un récord de shows en el lugar. Los pibes del Pellegrini siguen pegando ese estirón interminable que, por ahora, hace creer que van a llegar muy lejos.

PRÓXIMO POSTEO: LAS PELOTAS, DIVIDIDOS...¡Y SUMO!, EN RIVER.

AV

lunes, 26 de marzo de 2007







ROGER WATERS EN BUENOS AIRES
CRÓNICA DEL SEGUNDO SHOW (18/3)

EL MONUMENTAL VIBRÓ CON TRES DÉCADAS DE ROCK

Pasaron 34 años y Roger Waters demostró que el espíritu de “The Dark side of the moon” sigue vivo. El inglés se presentó el sábado 17 y domingo 18 en el Estadio de River Plate.

Acusado durante años de ser descortés con su público, la versión 2007 del ex bajista y líder de Pink Floyd viene para enamorar a sus seguidores. En un monumental repleto el primer día y en el que hubo 40 mil personas en el segundo show, el británico se mostró amable y además brindó un espectáculo imponente desde lo audiovisual, que de hecho no tiene nada que envidiarle a los Stones o U2. Como enunciado artístico, una postal inolvidable para todos los floydianos argentinos.

Como un concierto de estas características supone, los fanáticos fueron llegando lentamente al barrio River. El Monumental fue testigo, a lo largo del tiempo, de espectáculos de diversos estilos y que corrieron con distinta suerte, pero este doblete que se mandó Waters en Buenos Aires tuvo la mística de las misas paganas. Al menos eso invitaba a pensar la previa y el ambiente que se respiraba en el aire, con el sol del atardecer escondiéndose por detrás de las tribunas.

El campo estaba dividido en dos: de la mitad hacia el escenario, el VIP, con sillas blancas, y del medio hacia atrás, todos parados y atiborrados contra la valla del medio. La tribuna Enrique Omar Sívori, que hace de popular para Los Borrachos del Tablón cada vez que River es local, estaba prácticamente llena y las plateas, si bien tenían algunos claros, eran una buena toma para los fotógrafos.

Cuando la espera comenzaba a desesperar, una pantalla camuflada como telón, por encima del escenario, empezó a disparar imágenes de animación: un brazo muy realísitico cambiando una vieja radio de dial, y sirviéndose escocés en un vaso de whisky. El público respondió con aplausos y gritos este adelanto de lo que vendría después.

Después de que el telón-pantalla entregara algunas dosis más de cybertecnología, las luces se apagaron de repente y esta vez la reacción de todos los presentes fue ensordecedora. Waters apareció por un costado, con su eterno bajo a cuestas, su brazo izquierdo en alto y su puño cerrado. Sonrió a medias y conmovió a todos con el primer tema: “In the flesh?”, de “The Wall” (1979).

Pegadito vino “Mother”, también de “The Wall”. Le siguieron “Set the controls for the Herat of the sun”, “Shine on you crazy diamond (Parts I - V)”, “Have a cigar”, “Wish you were here”, “Southampton dock”, “The fletcher memorial home”, “Perfect sense”, “Live in Beirut” –de un disco solista de Waters- y “Sheep”.






Durante este último tema, apareció por el costado del escenario un chancho inflable manejado como una marioneta y que tenía escrito en aerosol negro: “VIDELA, GALTIERI, THATCHER Y BUSH DAN ASCO. ¿DÓNDE ESTÁ JULIO LÓPEZ? BASTA YA DE DESAPARECIDOS. MIEDO LEVANTA PAREDES. ENCIERREN A BUSH ANTES DE QUE NOS MATE A TODOS”. Todo eso estaba escarchado en el cerdo. Waters retrató su estética en las letras del álbum “Animals” (1977), que se encolumna como una feroz crítica al capitalismo. Sin ir más lejos, la mayoría de las interpretaciones de este disco llevan a creer que el chancho representa a la clase política, los perros –una de las canciones es “Dogs”- a los empresarios y corporativistas de la ultraderecha, y las ovejas -precisamente en “Sheep”- al resto de los actores sociales.
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Luego de anunciar un “fifteen minute break”, Waters y los suyos se fueron a camarines. Mientras tanto, la gente aprovechó para comentar lo que había sido el primer tercio del recital. Sabían que se venía el plato fuerte: “Dark side...” entero.

Roger y la decena de músicos que lo acompañaba volvió a las tablas con los acordes de “Speak to me”, el tema instrumental que abre el álbum de 1973. “Breathe” y “On the run” antecedieron a uno de los momentos pico de la noche: “Time”.

A cada canción, las pantallas -había cuatro, la del fondo, una a cada costado y una cerca del medio campo- lanzaban imágenes psicodélicas y multicolores, filmaciones viejas de la banda, fotos de Syd Barret, o bien escenas del film “The Wall”. Durante “Time”, La intro y el sonido de miles de relojes, que a su vez aparecían proyectados, generaron un estado de éxtasis casi indescriptible.

“The great gig in the sky” fue otro de los momentos gloriosos, con una de las coristas luciéndose y robándose la ovación de todos los presentes. La antesala de los bises fueron composiciones consagradas como “Money”, “Us and them”, “Any colour you like”, “Brain damage” y “Eclipse”.

Hubo una breve pausa y era hora de los hits de despedida. “The happiest days of our lives” fue el primero, seguido de “Another brick in the wall Part II”, con la coreografía de algunos alumnos del Instituto River Plate que pudieron abrazar a Waters, ganándose la sana envidia de todo el estadio. “Vera”, “Bring the boys back home” y “Comfortably numb” cerraron la segunda visita del músico a la Argentina -la primera había sido en marzo de 2002, en Vélez-.

Durante un fin de semana, Waters pudo dibujarle una sonrisa a casi 100 mil argentinos. Todo un milagro, se podría decir. Su banda se lució, en especial el baterista, el saxo y los coros, y tanto un día como el otro, la puesta en escena, desde lo visual -con imágenes como las luces de colores y el prisma del disco, el fuego que salía disparado desde los costados-, y lo auditivo -el sonido depurado que hacía creer que estábamos escuchando los cd´s- fue impresionante.

Cuando el barrio de Belgrano se iba desagotando, cada uno volvía a su casa sabiendo que al día siguiente se levantaría para ir a trabajar, pero también concientes de que habían presenciado algo que los dejaría con una sonrisa prolongada.





AV








Fotos: Rolling Stone LA.com (ver fotos en Galería RS)





domingo, 25 de marzo de 2007

EL ROCK: CULTURA Y CONTRACULTURA




Este espacio busca ser un refugio -o una salida- en donde revivir la cultura rock, pero no porque esté muerta (esperemos).
Esta cultura, muchas veces asociada erróneamente al género del rocanrol, se ha ido fagocitando a lo largo del tiempo desde mediados del siglo XX. Tuvo distintas etapas, y en cada momento tuvo una calidad de ser. No fueron lo mismo los ´60 que los ´70 ni que los ´80. Y así podríamos seguir hasta el día de hoy. Por supuesto que tampoco es igual hacer rock ahora que hacerlo en los tiempos en que las compañías discográficas no existían o las multinacionales eran ajenas a este movimiento.
Pero, antes que nada, ¿Por qué Negocios del corazón? En realidad, sería muy hipócrita atribuirme la frase. Sólo puedo jactarme de haberla tomado “prestada”. Le pertenece a Carlos Solari, “el Indio”, cantante, letrista y portavoz de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Solari la empleó en un reportaje de hace casi 13 años, para responder a la pregunta de por qué los redonditos habían sido tan nómades. Por un lado, fueron nómades por urgencia, porque vivieron en una ciudad universitaria como La Plata, que estuvo oprimida febrilmente por el último régimen militar que gobernó a la Argentina. Y también fueron nómades porque creyeron que era rico para su existencia vivir experiencias novedosas, que pudieran unirlos como grupo humano más allá de sus posesiones o sus ataduras cotidianas. La banda levantó, ante todo y durante toda su trayectoria, una bandera de libertad e independencia como símbolos de esta cultura de la que hablo. Pero dejemos al Indio para que lo explique mejor…
“Hemos sido tipos de abandonar departamentos enteros, con cosas adentro, que enseguida vienen los amigos y hacen una especie de canibalismo, que se llevan las cosas y después se reciclan. Porque te vas a hacer una cosa que es más importante para vos que tu vida, que es estar en pelotas, comiendo harina de maíz mal cocida con una concha de almeja, en un lugar con gente que amás. Y estás haciendo experiencias que son significativas para vos […] Por eso decimos que somos ambiciosos. Siempre se ha pensado de este grupo que somos una especie de idealistas o kamikazes que ponen todo en juego y no es así: lo nuestro son simples negocios del corazón. Por eso le decimos a la gente que eligiendo por sus propios negocios del corazón quizás le pueda ir bien. Porque esos departamentitos de veintipicomil dólares a los que hemos renunciado ahora puedo comprármelos haciendo lo que quiero y cuando quiero”.
Frases ricoteras que representan el espíritu rockero hay de sobra, así como también de muchísimas bandas nacionales e internacionales. Tal vez sea más fácil poner como ejemplo y citar algo que dijo el referente de la banda más grande que hubo acá, pero es sólo una postal o un retrato de un movimiento que excede a una persona o a una generación. El rock apareció, además, como contracultura, y lo que fue escrito y expuesto hace décadas aún resuena en los jóvenes del 2007. Y eso deja una huella histórica. Como dijo alguien –y es también el impulso de este blog-, la música educa. Veremos qué pistas nos da hacia el futuro, en el inicio de este nuevo milenio.

Próximamente, posteos acerca de los shows de Roger Waters en River y Skay Beilinson en El Teatro de Flores.